julio 07, 2010

Supiste ser mi enana y mi gigante.


Supe reirme cuando todo indicaba que era para llorar.
Supe abrazarte cuando me dijiste que sin mi te caías.
Supe agarrarme de tu mano cuando creía que podía sola.
Supe decirte a los gritos cuánto me gustabas al oído.
Supe caminar con vos cuando todos decían que cruce la calle.
Supe hacer oidos sordos a todo lo que se decía.
Supe mostrarte mis deseos de vos por mañanas, días, tardes y noches.
Supe enloquecerte en cuestión de segundos.
Supe mirarte con ingenuidad traviesa.
Supe estar arriba.
Supe estar abajo.
Supe hacer que tu cama fuera un buen lugar para dormir.
Supe ser tuya.
Supe aprender a quererte.
Supe decirte todo con solo dos palabras.
Supe que dos pueden ser uno si se aprende a compartir.
Supe mentir amores pero con vos nunca me salió.
Supe decir te quiero sin sentirlo pero no pude con mi genio y por vos lo sentí.
Supe extrañarte.
Supe hacerme desear ocultando el gran deseo que yo tenía por vos.
Supe hacer chistes sin gracia.
Supe aprender de mis errores.
Supe aprender de tus errores y reirme con vos de ellos.
Supe que con nuestros defectos y virtudes la vida puede ser un juego y muy divertido.
Supe mirarte y decirte sin palabras cuanto te amaba.
Supe tirarte sobre mi con tanta voracidad y delicadeza que dudo que vuelvas a conocer.
Supe decirte que vos eras mi sonrisa y tu boca mi perdición.
Supe ser tuya sin retrucos.
Supe ser tu escondite, tu risa.
Supe ser tu escensia.
Supe ser tu vida, sin olvidar que también fuiste la mía.

Gracias por ser el libro que yo misma escibí.

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